Las dos historias muestran posibilidades de relación con los animales. La última es claramente una relación de explotación, con el animal sometido por una domadora que quiere utilizarlo para espectáculos violentísimos. El tigre la debe haber odiado siempre. En cambio, la pareja en África cuidaba y mimaba a un león, que seguramente sufrió muchísimo su partida, que debe haber sido para él, muy inexplicable. Los animales cautivos, que han sido capturados en espantosas cacerías y han quizás presenciando la muerte de alguno de los suyos, guardarán siempre, como nosotros probablemente, un inextinguible rencor, que puede estallar en actos de violencia que parecen inexplicables y que se atribuyen usualmente al instinto o a la naturaleza indomable de las fieras. Pero también puede no estallar, y surgir un afecto verdadero, y una dependencia emocional auténtica y mutua.
7.- No es el instinto, sino la relación






