[Pepa García] Justificar la extinción de una especie mediante programas de exterminio es coherente con ideologías nazis, que consideran que algunas especies tienen más derecho que otras a existir. Para justificar esta consideración moral se parte de percepciones subjetivas, pero que se expresan en terminologías pertenecientes a sistemas racionales. Una ideología de corte nazi puede justificar la extinción de los perros, por ejemplo, sosteniendo que el humano usa a los perros, que los priva de libertad, que los mantienen para obtener beneficio, que son dependientes… que el hábitat actual del perro no es natural y que la cultura humana le es hostil. Es el sistema de valores vegano. Y como para el veganismo sería imperativo moral terminar con la situación de horror en que se encuentran los perros, terminar con la violencia a que se les somete; y dado que esa situación se habría dado por un proceso de domesticación humana, correspondería deshacer el entuerto y eliminarlos (de *nuestra* cultura).
No obstante, es discutible que la realidad sea esa: es discutible que los perros existan para nuestro beneficio, que sean esclavos, que no tengan libertad… que sean explotados: Hay otra percepción: que los perros son miembros de nuestra familia, que son considerados como hermanos, que mantienen con nosotros relaciones de reciprocidad, y que tienen derecho a ser tratados con justicia en este hábitat, que también es suyo.
Y eso es el veganismo: el veganismo ve una relación de parentesco entre los individuos de todas las especies. Y esa percepción, esa conciencia íntima de parentesco, es lo que activa al movimiento (a los individuos que mantienen el movimiento), lo que nos guía en el reto de construir un mundo armónico. El veganismo es contrario a la destrucción; es esperanza e inclusión, proyecto, vida.
[Comentario en debate sobre veganismo y extinción de especies domesticadas]











