Ley de caza es inmoral e ineficiente. Necesidad de un departamento de conversión.
[Pepa García] Aunque deficientemente, en la ley chilena se recoge mínimamente el debate que se da en la sociedad sobre el derecho a vivir de los animales. Así, el maltrato es un delito. Perros y otras especies no pueden ser sacrificados salvo en caso de rabia o peligro sanitario fundamentado. Y la aplicación está en manos de los servicios de salud.
La nueva ley de caza pretende borrar con el codo lo que ha sido aprobado en otros cuerpos legales y autorizar el sacrificio arbitrario de perros y otras especies. Por tanto la Contraloría deberá dirimir la legitimidad de esta ley.
Los ganaderos y los conservacionistas han conspirado en secreto con autoridades para llegar a este punto, en que al texto de ley solo le falta la firma del presidente Piñera (que junto con Hinzpeter estarían faltando así a la palabra que dieron a la ciudadanía).
Esta ley adolece de repugnante bajeza moral, despreciando las vidas de individuos de otras especies, sobre la base de consideraciones económicas y un falso proteccionismo.
No existen especies “dañinas”. Existe el reto de construir un mundo en que los individuos de las distintas especies puedan vivir en armonía.
Además de inmoral, una propuesta asesina es ineficiente, y no conseguiría lo que supuestamente busca, pues los depredadores seguirán naciendo y seguirán acercándose a grupos de otras especies donde encuentren alimento.
Para terminar con las agresiones que denuncian los creadores de esta ley habría que centrarse en soluciones locales, específicas para cada circunstancia.
La disminución de los ataques de perros a grupos de otras especies se puede lograr implementando políticas de control de la natalidad e instalando sistemas adecuados de cercado y vigilancia de terrenos y otros métodos que desestimulen la aproximación de perros u otras especies a grupos o individuos en situación vulnerable. Los ganaderos/conservacionistas deberían contribuir/promover/financiar activamente las políticas de control de natalidad de perros de las localidades próximas a los territorios donde agrupan a animales. Y deberían invertir responsablemente en la edificación de cercos (altos, de zarzas, etc.) y otras adaptaciones del entorno. Se pueden iniciar programas de vigilancia intensivos, contratando personal y ayudándose tecnológicamente (cámaras de vigilancia y otros instrumentos, como el agriláser (http://www.youtube.com/watch?v=iulpw4GYjtA), que se está utilizando en lugar de la escopeta en otras latitudes como alternativa ética para ahuyentar aves, cerca de aeropuertos por ejemplo).
En estas medidas, que conducen a la solución del problema que plantean, debieran invertir quienes promueven esta ley intolerable.
El debate en cualquier caso sobre esta ley, sobre estos temas, debió siempre haber sido público, y a tiempo. Además de los ganaderos y los conservacionistas, huelga decir que otros grupos – la ciudadanía en general – tienen interés en conocer, exponer y decidir sobre políticas que afecten la vida de individuos de otras especies, con los que compartimos la existencia.
El Estado debe garantizar esta participación. Una participación que por lo demás debe hacerse sobre la base de estudios serios.
Y el ´debate´ sobre esta ley ha dejado fuera de estudio precisamente a la especie más destructiva, la humana. Sus mejores representantes, los ganaderos, terminan con la vida de millones de animales explotados al año (contribuyendo de paso a un importante daño al medio ambiente y a perpetuar en general una cultura insensible a valores de respeto y reconocimiento del resto de habitantes del planeta). Es muy cuestionable que los intereses económicos del grupo de ganaderos deban estar por encima de los intereses de todos, por encima de un debate ético y científico sobre tan irresponsable actividad.
Tarde o temprano deberemos crear un departamento, independiente de los actuales ministerios, dominados por los ganaderos, que ayude a estos y a la sociedad en general, en el necesario cambio de cultura que se percibe claramente en el horizonte. Este departamento estudiará las posibilidades de conversión hacia una sociedad donde los animales no son recursos, donde los animales (y el planeta y nosotros mismos) reciban el respeto que merecen.