teleperra
12 Carnivorismo: predeterminación o historia > columna de Edmundo Magaña

[Edmundo Magaña] Muchas veces escuchamos argumentos que enfatizan que perros y gatos son mamíferos y que su dieta natural es sólo y exclusivamente la carne, cualquier carne. Se dice que los perros, por ejemplo, no comen verduras ni frutas, y que la carne cruda les hace mal. En realidad, este tipo de creencias son resultados que se alcanzan gracias al adoctrinamiento. Los perros son omnívoros, como nosotros. Si no comen verduras ni frutas es porque se les ha enseñado a no comerlas, muy probablemente para que no terminen con los productos de los huertos. Y si no se les deja comer carne cruda, es para que no ataquen al ganado. Pero, en realidad, los perros comen de todo. Hay incluso cánidos salvajes, como el llamado lobo americano, que no come carne casi nunca, y que por eso es un personaje que, en los mitos indígenas, hace reír a todo el mundo, porque se lo representa como demasiado holgazán como para perseguir a una presa. El lobo americano se alimenta casi exclusivamente de fruta, y lo viene haciendo así desde hace milenios. No se sabe si la ausencia de carne en su dieta lo ha convertido en un mejor o peor animal, pero ahí está, feliz, prefiriendo los tomates silvestres a ratas y liebres. En el mundo vegetal se encuentran casi todos los elementos que necesitamos los mamíferos para una dieta equilibrada y sana, sin necesidad de matar a nadie.

10. Las mascotas no pueden volver al monte > Columna de Edmundo Magaña

Muchos rechazan la domesticación. Consideran que todo animal que vive con los humanos, vive en cautiverio. Preferirían que perros y gatos domésticos volviesen al monte. Pero este punto de vista ignora que nuestros animales de compañía no vivieron nunca en el monte, y que dejados a la buena de Dios se asilvestrarían, sin mejorar por ello sus posibilidades de supervivencia. Un perro, sin embargo, puede ocupar una posición valiosa en el seno de la familia o grupo al que pertenece. Los mamíferos, todos, somos animales de cultura (vale decir, nacimos con la página en blanco y debemos aprender todo de nuestros tutores, incluso a caminar correctamente, a comunicarnos, a defendernos, a buscar y reconocer los alimentos, a diferencia de algunos reptiles, por ejemplo, que nacen adultos) y de sociedad (vivimos en grupos y tenemos funciones específicas en ellos). Los mamíferos aprendemos todo. Podemos aprender a cuidar los perímetros, a retener a los intrusos, a cuidar al bebé, a seguir un rastro, a reconocer la presencia de una enfermedad en el cuerpo de otros, a socializar con niños o enfermos, a localizar a gente enterrada bajo toneladas de escombros, a apagar incendios. Y mil cosas más. Cuando un mamífero hace esto, cuando en un grupo humano recibe un lugar y una función, no estamos hablando de un animal que vive en cautiverio, o de un esclavo, sino de un miembro del grupo. Los mamíferos compartimos todos  el mismo código básico: pertenecemos a un grupo, en el que encontramos comida, abrigo y cariño, y hacemos algo a cambio para seguir perteneciendo. Y a medida que envejecemos, vamos ocupando otras posiciones. Somos todos iguales. Vivir con animales está bien. Es bueno vivir con seres que son tan extraños y tan parecidos al mismo tiempo. Es bueno que sepas que hay otro modo de ver las cosas, y otro modo de hacerlas. Es bueno que comprendas el punto de vista de tu perro. Te enriquece. Te hace vivir la relatividad de las cosas. Y te prepara para otros encuentros.