teleperra
¿deberían ganaderos dejar pastar su ganado en tierras públicas y luego exigir tanto la ayuda del gobierno como el apoyo de la opinión pública para matar a animales silvestres nativos que compiten con su ganado no-nativo?

lobos, caballos y ganaderos de tierras públicas « perros

EEUU [¿Deberían caballos salvajes y lobos ser sacrificados a beneficio de los ganaderos que operan en tierras públicas? En Chile se vive una situación similar en el sur, donde los ganaderos que explotan tierras públicas buscan exterminar a perros y guanacos, entre otras especies.]

Movimiento 269

Activistas hicieron un vídeo haciéndose marcar a fuego en la calle el número 269, el número de crotal de un ternero.

“A raíz de esta acción, a nivel mundial se están llevando a cabo una serie de actos de solidaridad que están dando vida a un verdadero movimiento llamado 269life. La gente de todo el mundo se está tatuando este número con el sentido de sentir en su propia piel el dolor y la esclavitud de los animales y volverse testigo de dicho dolor a través de la experiencia de ponerse en su lugar: https://www.facebook.com/media/set/?set=a.359490594145652.87306.351005438327501&type=3

“Silent Scream” : activists branded alive in a shocking demo in Tel-Aviv! (por 269lifecom)

Los monjes habían pensado en exterminar a las hormigas, pero evidentemente no podían hacerlo sin una autorización judicial. En el Tribunal de la Divina Providencia, el defensor de las hormigas alegó por haber invadido sus alacenas que las hormigas, tras haber recibido el don de la vida de Dios, tenían derecho a ella y a conservarla por sus medios naturales y destacó la cultura y la presencia de sentimientos religiosos en ellas, subrayando que sepultaban a sus muertos. Señaló también el procurador que las hormigas vivían allí antes de la llegada de los monjes y no podían ser expulsadas, y que los franciscanos deberían defender su harina por medios humanos, lo que excluía la muerte. El juez falló que los monjes debían habilitar un sitio en los alrededores para vivienda de las hormigas, y ordenó que las hormigas fuesen conminadas a trasladarse a esos nuevos hormigueros, abandonando las alacenas de los monjes, lo que ocurrió.
13.- Conciencia y sensibilidad en los animales.- Columna de Edmundo Magaña

Estuve hablando con la Pepa sobre el tema de la sensibilidad en los animales, específicamente sobre el argumento utilizado por activistas animalistas, y sobre todo bienestaristas, sobre la capacidad de sentir dolor de los animales como motivo para implementar legislaciones de protección animal que reduzcan esa capacidad o el dolor mismo. He creído siempre que la capacidad de sentir dolor como argumento es en realidad débil, porque su universalidad puede hacerlo irrelevante. El dolor no es más que una experiencia sensorial desagradable, una reacción a estímulos externos que puede carecer de conciencia. Creo que el criterio decisivo para defender el derecho a la vida de los animales, y el derecho a no ser víctimas de malos tratos y explotación, es que son seres conscientes, que en este contexto quiere decir que tienen proyectos de vida, que son capaces de definir e identificar la fuente del dolor y de hacerse con una explicación sobre su motivo. La conciencia, que compartimos con los animales, es un estado cognitivo “no abstracto que permite la interactuación, interpretación y asociación con los estímulos externos, denominados realidad”. La conciencia es evidente en la conducta animal, mucho más allá incluso del reino de los mamíferos.

[Esto me recuerda que hace unos días, cuando tembló, salimos todos corriendo al jardín. Pero Juanito volvió un par de veces al salón a ladrarle al aire, para escapar nuevamente al exterior, creo que convencido de que la causa del temblor estaba dentro. Este es un caso muy complejo, que solo menciono al pasar.]

La operación de la conciencia en los animales se aprecia prácticamente en todo lo que hacen, y especialmente en todas las interactuaciones entre ellos y con humanos.
Los bienestaristas, y los ganaderos, creen que con eliminar el dolor físico es suficiente como medida de protección o evitación del dolor en los animales que son explotados y llevados al matadero. Pero esta idea es realmente una infamia. Tanto o más importante que el dolor físico es el dolor psicológico, que sufren todos los animales cuando anticipan o presienten o sufren la agresión, el olor a muerte, los gemidos de otros, la explotación, el tedio del encierro, la reducción de la sensibilidad, la privación de la vida familiar, las restricciones, la falta de libertad. A los bienestaristas les gusta imaginar que los animales carecen de conciencia para hacer tolerable que se los encierre y explote y mate provisto que no sufran dolor físico, como si la capacidad sensible de los animales se redujese a eso –un poco como creemos que son las plantas y como en el pasado creían los esclavistas que los negros podían sufrir dolor físico, pero no la angustia de la separación familiar ni las tenebrosas perspectivas de la servidumbre.

La vida es una experiencia única, fundamental, irrepetible, que queremos compartir con otros. Y no necesitamos matar a nadie para sobrevivir. Para defender el derecho a la vida de los animales debemos enfatizar que sufren y que saben que sufren y que ese dolor se lo infligimos nosotros mismos sin ningún motivo atendible, sin justificación, sólo para mantener la ilusión y el orgullo psicopático de que en este mundo nosotros decidimos sobre la vida y la muerte de los otros. Debiésemos recuperar la capacidad de entender que los otros son nuestra vida y que matar a un animal es matarse un poco a sí mismo.
En última instancia, el derecho a la vida que defendemos en los otros se deriva de que no queremos hacer a otros lo que no nos haríamos ni querríamos que se nos haga a nosotros mismos, porque sabemos lo que significa. No queremos que se nos encierre y someta a servidumbre, no queremos que se nos maltrate y finalmente se nos mate, cualquiera sea el motivo aducido –si acaso tenemos esa suerte. No existen motivos atendibles para quitarnos la vida. ¿Por qué querríamos eso para otros?

No se puede aglutinar a los animalistas si no se termina con la estigmatización del veganismo

[Pepa García] Si ustedes dicen estar de acuerdo con que el carnivorismo es animalismo, pues entonces mejor empiecen exponiendo qué No es animalismo… Si ustedes empiezan incluyendo a los promotores del maltrato en el movimiento animalista, quisiera saber a qué acuerdos pueden llegar con quienes defienden a los animales… Hace falta un debate interno, una reflexión sincera; hace falta valor. Quienes necesitan atención e inclusión son los animales, sobre lo que hay que reflexionar en primer lugar, es sobre los derechos de los animales, sobre los principios que unen a los animalistas, sobre qué es lo que queremos y lo que no queremos. Desgraciadamente este debate es eludido sistemáticamente por quienes pretenden erigirse como aglutinadores de los animalistas, por quienes buscan el poder político en primer lugar. El animalismo, los animalistas, se aglutinarán, como en toda causa seria, antes o después, en torno a principios claramente definidos. El animalismo pasa por el respeto a la vida de los animales (cierto?). Por ese debate hay que empezar, no se puede eludir. No se puede empezar traicionando a quienes supuestamente defendemos; no importa este o aquel grupo, tú o ella no importan, y no debe ser el foco de la conversación. Hay que empezar por el *principio*. Si ustedes me dicen que hay que evitar el debate y la reflexión, que hay que incluir a los aliados de los ganaderos, están definiendo un movimiento en que los defensores de los animales, los defensores del derecho a la vida no tienen lugar. Uno de los trabajos que hay que hacer para empezar es terminar con mitos y falsedades dentro del movimiento. No se puede seguir pretendiendo que la defensa de la ganadería es animalismo, por un lado, y no se puede seguir estigmatizando desde el mismo movimiento a quienes defienden el derecho a la vida de los animales. Es como planteárselo al revés, no les parece? Se dice por ejemplo que la base moral del animalismo, por definición, que es el veganismo (no matar ni maltratar en ningún grado a otros) sería una postura inoperante y fanática y extremista. Sin embargo no son más que prejuicios insostenibles, y también mal intencionados de parte de quienes los promueven (precisamente los aliados de los ganaderos, de los explotadores, nota bene). Puede haber veganos fanáticos, pero el veganismo no lo es, las bases morales del veganismo no lo son (la compasión, la justicia, el respeto al resto de criaturas no son fanatismo); el veganismo (que a mi me gusta llamar animalismo, en parte por las malas connotaciones interesadas que los enemigos de la defensa animal han establecido sobre el término, para marginalizarlo) presenta proyectos y programas que son sencillamente realistas, sensatos, viables… Por ejemplo, el veganismo (- el animalismo claramente definido -) no propone políticamente la imposición de la dieta vegana a la ciudadanía, o no propone la prohibición de los mataderos: el veganismo propone el estudio y la información a la ciudadanía sobre los ciclos naturales/culturales de los animales llamados de granja (y de todos aquellos animales usados), propone la información a la ciudadanía sobre los efectos de la industria ganadera en dichos ciclos; puede proponer también el estudio e información de los efectos de la ganadería en el planeta, el estudio e información de los efectos del consumo de ingredientes de origen animal en el organismo humano… propone un debate sobre nuestra relación con las otras criaturas, nuestro efecto en el planeta. Y sobre esa base informada es que el ciudadano, la sociedad puede decidir si quiere seguir o no manteniendo la cultura del matadero. Porque el veganismo es información, es educación. Esas son sus armas. Pretender por tanto que la defensa sin reservas de los animales es extremismo es cuando menos ignorancia, y muchas veces mal intencionada, pues quienes promueven esta idea, quienes estigmatizan la defensa del derecho a la vida de los animales son precisamente quienes quieren hacer y mantener alianzas con los ganaderos, quienes promueven la permanencia de la explotación y sacrificio; son aquellos a quienes conviene mantener en la ignorancia a la gente. Es un prejuicio del que hay que deshacerse, pues su consecuencia - su objetivo - es poner al frente del movimiento a los ganaderos, a los maltratadores.   

Por tanto, creo que el  mayor problema ahora mismo en el disperso movimiento animalista chileno y de muchas partes es la falta de interés en discutir honestamente ideas.

¿Revisamos el concepto de utilización?

[Pepa García] Me pregunto si no habría que revisar el concepto de ´utilización´. Me pregunto cuánta leche produce una vaca… Pienso en esta situación: si una vaca en libertad y domesticada (o sea, que viva en un hábitat compartido con humanos, ya sea en grupo unifamiliar o en comuna/santuario) produce tal cantidad de leche que después de alimentar a su bebé aún tiene leche en sus ubres, ¿se puede decir que sea *utilización* de la vaca (violación de sus derechos) usar esa leche sobrante para consumo del bebé humano de la familia?

Nota: entiendo que las mamíferas enferman si no se les extrae ese excedente de leche.

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Tengo entendido que las humanas también pueden producir excedente de leche (incluso creo que las hay que la producen sin tener reciennacidos), y ello sin haber sido sometidas a ningún tipo de intervención genética. Se trataría de procesos fisiológicos que se dan en la naturaleza, que pueden ser individuales, y que por tanto no sería pertinente decir que tendrían como fin la explotación y beneficio humanos. Estos procesos no podría decirse que son consecuencia, ni negativa ni positiva, de la domesticación.

Otra cosa es que los humanos hayan reforzado estos procesos, que los hayan intervenido. Ahí sí podemos hablar de explotación, de intervención indebida, de utilización como beneficio.

Los animales como ciudadanos

[El debate y controversia están servidos]:


[Amado de Mérici] Se libra un intenso debate sobre temas como la domesticación, la explotación animal y la relación humano-animal, en el que participan enemigos de los animales de un lado y otro: los que quieren seguir comiéndolos para cultivar sus barrigas y desollándolos para hacer zapatos y abrigos, y los que los quieren exterminar para liberarlos de los maltratos humanos. Pero hay otras alternativas más humanas y razonables. [Seguir leyendo]

Sobre extinción de especies domésticas

[Pepa García] Me parece cuestionable que sea necesariamente coherente con el veganismo la propuesta de exterminar determinadas especies. El candidato perro por ejemplo comparte con el humano el hábitat, y es así desde siempre (o quizá no), pero en definitiva no es pertinente el origen. La realidad es que las familias humanas hoy en día constan de miembros humanos y no humanos. Si bien conocemos épocas en que el perro básicamente quizá haya sido considerado meramente ´bestia´, de la que el humano lo que extrae es beneficio, me parece dudoso que hoy se pueda sostener. El perro ocupa un lugar en la organización humana que se iguala al de amigos o parientes. Y aunque también es cierto que el perro puede ´trabajar´ para el humano hoy, como es el caso de los perros lazarillos, por ejemplo, ese trabajo tiene un carácter de reciprocidad. Tanto perro como humano interactúan afectivamente (además de en otros sentidos: aparte de afecto el perro recibe alimento y cobijo, y sentimiento de pertenencia, pero este es un esquema en el que se mueven también los humanos entre sí -es patente en el caso de humanos con síndrome de down, por ejemplo).

No me parece pues que tenga realidad la afirmación de que el perro existe para beneficio del humano. Es una afirmación que deja fuera la dimensión afectiva, emocional, espiritual de las personas, humanas o no. Me hace violencia plantear el exterminio de parientes y amigos, solamente por el hecho de que pertenezcan a determinada especie.

[Comentario en debate sobre coherencia entre veganismo y exterminio de especies]

Por qué no evolucionamos hacia el carnivorismo

[Siete razones de por qué no evolucionamos hacia el carnivorismo].

[Robert Grillo] ¿Cuántas veces no has oído a alguien justificar su conducta sobre la base de la ilógica premisa de que el pasado de algún modo la convierte en correcta y asegura su legitimidad ética en el futuro? De hecho, a través de la historia influyentes líderes y pensadores han usado esta misma y atormentada lógica para defender la esclavitud, el genocidio, la opresión de las mujeres, el racismo y la discriminación basándose en una amplia gama de criterios irrelevantes incluyendo la orientación sexual, la religión, el color de la piel y ahora la especie.

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10. Las mascotas no pueden volver al monte > Columna de Edmundo Magaña

Muchos rechazan la domesticación. Consideran que todo animal que vive con los humanos, vive en cautiverio. Preferirían que perros y gatos domésticos volviesen al monte. Pero este punto de vista ignora que nuestros animales de compañía no vivieron nunca en el monte, y que dejados a la buena de Dios se asilvestrarían, sin mejorar por ello sus posibilidades de supervivencia. Un perro, sin embargo, puede ocupar una posición valiosa en el seno de la familia o grupo al que pertenece. Los mamíferos, todos, somos animales de cultura (vale decir, nacimos con la página en blanco y debemos aprender todo de nuestros tutores, incluso a caminar correctamente, a comunicarnos, a defendernos, a buscar y reconocer los alimentos, a diferencia de algunos reptiles, por ejemplo, que nacen adultos) y de sociedad (vivimos en grupos y tenemos funciones específicas en ellos). Los mamíferos aprendemos todo. Podemos aprender a cuidar los perímetros, a retener a los intrusos, a cuidar al bebé, a seguir un rastro, a reconocer la presencia de una enfermedad en el cuerpo de otros, a socializar con niños o enfermos, a localizar a gente enterrada bajo toneladas de escombros, a apagar incendios. Y mil cosas más. Cuando un mamífero hace esto, cuando en un grupo humano recibe un lugar y una función, no estamos hablando de un animal que vive en cautiverio, o de un esclavo, sino de un miembro del grupo. Los mamíferos compartimos todos  el mismo código básico: pertenecemos a un grupo, en el que encontramos comida, abrigo y cariño, y hacemos algo a cambio para seguir perteneciendo. Y a medida que envejecemos, vamos ocupando otras posiciones. Somos todos iguales. Vivir con animales está bien. Es bueno vivir con seres que son tan extraños y tan parecidos al mismo tiempo. Es bueno que sepas que hay otro modo de ver las cosas, y otro modo de hacerlas. Es bueno que comprendas el punto de vista de tu perro. Te enriquece. Te hace vivir la relatividad de las cosas. Y te prepara para otros encuentros.

Animales con dialectos regionales

[¿Hablan animales de la misma especie de zonas geográficas distantes el mismo idioma?]

[Brian Palmer] Hace poco un amigo me preguntó si los osos negros de los montes Apalaches tienen acentos sureños y si acaso tienen problemas para entender a los osos negros criados en Canadá o Alaska. Tomadas literalmente estas ideas parecen más propias de una película de Disney que de un científico. Sin embargo, en un sentido más abstracto es una pregunta que fascina a zoólogos y psicólogos por igual.

¿En los animales no humanos la comunicación es innata o se aprende? ¿Pueden grupos geográficamente distantes de la misma especie desarrollar culturas locales: modos únicos de comer, de jugar y de comunicarse unos con otros? []

protección y derechos

Comentario mío al estado de Eduardo Terrer (compasión, proteccionismo, derechos):

“Dejadme ponerlo del siguiente modo (mi idea no es presentar un manifiesto, sino dialogar, llegar juntos a algo):

El derecho de los negros a la libertad no es lo que me lleva a reclamar su libertad en primera instancia. La voluntad inquebrantable de luchar por sus derechos parte de mi capacidad de comprender íntimamente que los negros sienten igual que yo. Me siento negro. Soy los negros. Esa conciencia ineludible me activa de inmediato y me lleva, a como dé lugar, a coger la furgoneta por la noche, acercarme a donde esos negros están encerrados y trasladarlos a lugar seguro, para protegerlos, porque no quiero que sufran ni un minuto más la falta de libertad, que me hace sentirme a mí cautiva. Sin este proceso de identificación íntima no puedo activarme, no puedo convencerme de nada. Esto equivale a decir que es en mi dimensión espiritual, insoslayable en cualquier análisis sobre mi relación relación con el resto de seres del universo, la que me impele a actuar en relación con estos seres. Otra dimensión mía es la socio-jurídico-política. Así, toda vez que *protejo* a los negros de sus inmorales explotadores, lucho, movida por mi convencimiento íntimo de parentesco con los negros; me organizo para establecer como norma en mi cultura que los negros efectivamente vivan libres de explotación y crueldad; lucho por el reconocimiento del derecho de los negros a vivir libres.” 

Registro de maltratadores

[Estados Unidos] [Aumentan las propuestas de crear un registro de maltratadores de animales. No queda claro cuál sería su propósito o utilidad. La obligación de dar a conocer su paradero, ¿es un disuasivo reconocido contra crímenes de esta naturaleza?] Lo leímos en Los Ángeles Times, y tradujimos:

Maltratadores de animales, pongan atención. Los intentos de crear registros online de maltratadores de animales, como el que existe de delincuentes sexuales, están ganando apoyo, y hay proyectos legislativos pendientes o pronto a ser introducidos en al menos cinco estados. []

«La ley ha reconocido que el hombre tiene la obligación moral de respetar todas las criaturas vivas y, en consideración de los particulares vínculos existentes entre el hombre y los animales de compañía, ha afirmado la importancia de tales animales a causa de la contribución que los mismos ofrecen a la calidad de la vida y por tanto su valor para la sociedad».
Circo, tortura y animales exóticos

[Amado de Mérici] [En Estados Unidos discutirá el Congreso en estos días un proyecto de ley que muchos, pese a sus deficiencias, esperan que sea aprobado. Se trata del proyecto que prohíbe que los circos itinerantes trabajen con animales exóticos salvajes, como leones y elefantes. La Ley de Protección de Animales Exóticos Itinerantes no prohibirá que esos circos, que recorren las carreteras estadounidenses cincuenta semanas al año, trabajen con animales domésticos, pero es igualmente una gran decisión.]

Aparentemente la principal razón para la prohibición es la constatación de que el adiestramiento de esos animales incluye numerosos métodos de sometimiento que hoy consideramos derechamente tortura, “usando instrumentos como la picana, látigos, tubos de metal y patadas en la cabeza, y la destrucción sistemática y total de su espíritu”, según escribe Jay Kirk. Hoy los domadores utilizan igualmente la pistola eléctrica.
Es interesante el análisis de Kirk. Dice que los partidarios de los actos circenses con animales recurren siempre al argumento de que la prohibición dejará a muchos –entre ellos domadores y cuidadores- sin trabajo. Es lo mismo que temían cuando se prohibieron los espectáculos con personas deformes, como enanos, mujeres bigotudas, albinos, hombres con manos de seis dedos y similares. Sin embargo, el circo no desapareció. Agrega que, al contrario, con la prohibición de usar animales en el espectáculo podría aumentar el empleo para humanos. Con un poco de creatividad, sus dueños podrían contribuir a que el circo se refine como espectáculo.
El espectáculo con animales no solamente es un crimen en el sentido de que realizan esos actos sometidos por cotidianas y dolorosas torturas, físicas tanto como psicológicas, apartados de sus entornos naturales y exiliados de sus sociedades y culturas, sino además por la constatación de la terrible banalidad de su cautiverio. El espectáculo provoca desazón y el sentimiento tiene que ver “[…] con el conocimiento de que la única razón del sufrimiento de estos animales es que aprendan, admitámoslo, un conjunto bastante pobre de actos, especialmente cuando lo que realmente queremos ver es a los acróbatas y los trapecistas”.
Por las condiciones en que viven en cautiverio, el hacinamiento, el encierro prolongado, los dolorosos ensayos, los golpes, las descargas eléctricas, los latigazos, las cotidianas humillaciones llevan a muchos animales, especialmente a los elefantes, a la locura, y esos estallidos de rabia y violencia terminan a veces en terribles tragedias con víctimas humanas y animales. A veces matan a sus domadores. Pero aun, escribe Kirk, a veces también atacan a niños y transeúntes inocentes.
Suele compararse el circo con la cárcel, el manicomio, el campo de concentración y el zoológico. La comparación es pertinente. De hecho, era habitual que en los hospitales psiquiátricos de Inglaterra, y hasta entrado el siglo diecinueve, se obligase a los internos a realizar actos considerados artísticos para los visitantes (Henri Ellenberger, en Mérici). Aparte esto, el cautiverio, sea en zoológicos o en circos, deja terribles secuelas de deterioro emocional y mental en los animales, incluyendo la locura a la que se refiere Kirk. En las jaulas circenses, cuando no están en la pista, es frecuente ver a animales haciendo movimientos repetitivos durante horas, como mover la cabeza de un lado a otro, o caminando en círculos, o incluso, en un caso extremo, comiendo sus propios excrementos. Hasta hace poco, en muchos zoológicos del mundo los visitantes podían llevar un perro o un gato para alimentar a los leones, que los cuidadores arrojaban a las jaulas para que pudieran presenciar el atroz espectáculo.
Si el circo no se reforma radicalmente y termina con la explotación animal, debiese ser derechamente prohibido, aunque en la prohibición del uso de animales se puede encontrar la semilla del circo del futuro, sin esclavos animales y con nuevos números humanos –incluso con humanos disfrazados de animales, que sería de cualquier modo mucho más divertido. Como Kirk, también creo que la prohibición de los espectáculos con animales es, para los circos y los artistas circenses, quizá la mejor noticia que hayan oído en su historia, excepto quizás cuando les prohibieron la exhibición de seres humanos –gigantes, mujeres peludas, albinos, jorobados, y también, recordemos, indios y negros.

Lecturas recomendadas

Editorial de Los Angeles Times
Son elefantes, no payasos

Jay Kirk
Terminemos con el circo con animales

Amado de Mérici
-Contra el zoológico
-Entre el circo y el zoo