[…] Estas decisiones presuntamente técnicas las quiere dejar la WSPA en manos de estamentos o grupos profesionales como “veterinarios y organizaciones inter-gubernamentales”, a los que invita a integrarse a la WSPA para “jugar roles claves en la definición del futuro del bienestar animal a nivel global”. Al mismo tiempo, la WSPA emplea también tácticas de infiltración en los movimientos bienestaristas e incluso animalistas, adaptando sus posturas dependiendo de los grupos, y de acercamiento y seducción de las clases política y funcionaria. Actúa evitando la luz pública. En Chile, sin embargo, no oculta sus avances en la infiltración del Senado y en ministerios, como el de Agricultura y el Salud. A nivel de ministerios y reparticiones gubernamentales ofrece asesorías presuntamente profesionales, pero que apuntan todas a fortalecer su propia posición de poder para fomentar la industria ganadera. Al dejarles influir de manera decisiva, y completamente injustificada, tanto desde el punto de vista profesional como ético, en estrategias y planes de desarrollo ganadero, o de desarrollo en general, los gobiernos que le abren la puerta a esta organización ponen en grave riesgo la soberanía nacional, y en peligro todo modelo social o de desarrollo donde la ciudadanía juegue un papel central y en los que la noción misma de desarrollo excluye a estos grupos que quieren enquistarse en el cuerpo social como los expertos que han de guiarnos hacia el futuro. Para la sensibilidad contemporánea sus proposiciones son anticuadas e inmorales. Reflejan los valores de un modelo de sociedad que hoy es derechamente incompatible con el desarrollo, sobre la base de premisas absurdas y falsas: por ejemplo, que más carne equivale a mejor salud o que más ganado implica la erradicación de la pobreza, como si esta fuese consecuencia de la escasez de recursos, y no de una distribución aberrante de estos.






